miércoles, 10 de marzo de 2010
de las Nieves
martes, 9 de marzo de 2010
Soneto II
lunes, 8 de marzo de 2010
Posta
viernes, 5 de marzo de 2010
Ni que fueras Dios.
miércoles, 3 de marzo de 2010
Mañana
Me despojaré de todo intento de disfraz.
Empezaré a vivir con lo fundamental,
entiéndase importante más que básico.
Me iré de la ciudad y viviré entre cerros,
con ecos, vacíos y silencios.
Ya no me verá nadie más que mi sombra.
No tendré ninguna ambición de nada
que no sea llevar a cabo mi objetivo.
Ese día ya no tendré ni siquiera nombre,
seré sólo un ser humano.
martes, 2 de marzo de 2010
La verdad
Te miento cuando no te digo que te quiero, cuando no te hablo, cuando no voy.
Te miento cuando no te digo que te pienso todas las horas, todos los días.
Te miento cuando no me rio de tus bromas ni sonrío con tus halagos.
Te miento cuando te torturo con preguntas que sé las respuestas.
Te miento cuando te amenazo, cuando me voy y juro no volver.
Te miento cuando te miro con las cejas, gris y no te beso.
Te miento cuando verbalizo lo que siento, no alcanza.
Te miento porque a veces es necesario, pero no más que el nosotros.
Te miento porque no alcanza a dañar en nada nuestra verdad.
Te miento porque tú también lo haces y ninguno se lo cree.
Te miento porque nunca logramos enojarnos en serio.
Te miento porque el hacer o decir le sobran al sentir.
Te miento porque es inútil como mentirme a mí.
Te miento porque da igual, somos lo mismo.
lunes, 1 de marzo de 2010
Me disculpo de antemano
¿Será que el aislamiento voluntario a todo posibe núcleo al que se pueda pertenecer, léase familia, sociedad, patria y religión, finalmente me alejó tanto de la humanidad?
¿Será que el aborrecimiento a todo fenómeno masivo, que por multitudinario lo vulgarizo, el que me distancia de un dolor que no me compete y respecto del cual no logro sentir empatía?
¿Será que entiendo y acepto tan practicamente los ciclos de la vida y las vueltas del azar que respondo con tranquila frialdad frente a cualquier infortunio que pueda tocarle a cualquiera?
¿Será que tengo cómoda fe en los demás y les relego el porvenir confiando en que sabrán mejor que yo como hacer las cosas que sea que haya que hacer, desentendiéndome de toda acción?
¿Será que en realidad a todos les importa una mierda pero poseen cualidades que yo desconozco más como la diplomacia, la hermandad y la moral?
¿Será que el resto no se cuestiona el sentir frente a estos hechos y sólo reaccionan como deberían, actuando acorde a la circunstancia, pero si se detuvieran a sentir llegarían a una similar problemática?
¿Será que es sólo una muestra más que da crédito de mi eterno vivir escapando a la realidad que termina como siempre refugiándome en fantasías donde no ocurre nada malo si yo no lo permito?
¿Será que porque así como entiendo que si algún problema me aqueja recurriré sólo a los míos que sentencio y doy por obvio que el resto acudirá sólo a los suyos?
¿Será que de tanto estar, dormir, despertar y sufrir sola tengo la percepción de que todos lo estamos y hagamos lo que hagamos lo seguiremos estando y por ende qué tanto problema?
¿Será que estas cuatro paredes ya se volvieron mi mundo y concibo todo lo externo como un vago suceso a un millón de años luz en planetas lejanos?
¿Será que acostumbrada a vivir tanto el hoy como una niña no soy capaz aún de entender que mañana seré una mujer impajaritablemente responsable de mí inserta en una sociedad adulta?
¿Será que soy simplemente tan egoísta, desconsiderada, altiva, descorazonada, indiferente e insensible?
¿Será que estoy tan loca como creen y un pensar, actuar o sentir relativamente normal ya simplemente no se puede esperar de mí?
No sé.
domingo, 28 de febrero de 2010
La inmortal de los mortales
Conocida por desconocida,
justa por injusta,
cierta por incierta,
última por primera.
Nos sigue,
a todos,
basta el sólo hecho
de ser un todo.
No por cobarde pero
va por la espalda,
de unos cerca,
de otros más lejos,
ignoramos la distancia
hasta que respira
y nosotros no.
Nunca más se va,
porque por los otros vendrá más tarde,
y nadie está tan solo
como para que no lo llore alguien.
Podemos extrañar lo que no vuelve,
y allí reside todo, todo el dolor.
¿Pero que sería de la vida
si ella no existiera?
Puta musa insoportable
que condena al arte a existir,
y somete a los hombres
a la búsqueda,
donde se encuentran
aunque no encuentren.
viernes, 26 de febrero de 2010
Carta a Todos y a Ninguno
Estimados Todos y Ninguno:
Podrán eventualmente castigarme, condenarme a torturas, negarme permisos, imponerme obligaciones, prohibirme placeres, mandarme a prisión, censurarme, desterrarme y quitarme todo lo que poseo. Sin embargo, mientras piense y sienta por mí misma, seguiré siendo inagotable y verdaderamente libre.
Nada tiene que ver la libertad con el desnudo, el grito, el exceso o la huida. No son éstas más que vagas manifestaciones externas de lo prisioneros que nos sentimos, pero eso no es la libertad, qué burdo sería que lo fuera. La libertad es interna, vive en el alma.
Amen sin conveniencias, perdonen sin orgullo, rían sin discreción, lloren sin vergüenza, mírense sin complejos, sueñen sin límites, fantaseen sin culpa, jueguen sin edad, disfruten sin prisa, apasiónense sin recato, discutan sin diplomacia, hablen sin tapujos, avancen sin camino, crean sin razones, piensen sin testigos, sientan sin freno, quiéranse sin el resto... Vivan sin horario ni calendario; en éste mundo, pero sin él.
Atte.,
Alguien libre, que es más fácil creerla loca.
jueves, 25 de febrero de 2010
miércoles, 24 de febrero de 2010
Les duele que a mí no
que de falsa nobleza me percato.
Ocurre hasta en artesanía,
mientras menos puro es, más barato.
prudente si escandalosos llaman.
Sí, los que amo podrían herirme,
pero sucede que ellos me aman.
del interés malhabido que velan,
por obvio daño; la indiferencia.
Protagonista en propia novela,
sólo actores tienen residencia,
extras banales sin opción, no vuelan.
martes, 23 de febrero de 2010
Mi deber frente al tuyo
domingo, 21 de febrero de 2010
El silencio
viernes, 19 de febrero de 2010
Da exactamente lo mismo
jueves, 18 de febrero de 2010
En sepia
miércoles, 17 de febrero de 2010
Papel en blanco
martes, 16 de febrero de 2010
lunes, 15 de febrero de 2010
Carta de un domingo que empezó como sábado y terminó como lunes.
domingo, 14 de febrero de 2010
De cómo existe Ignacia Nadales
viernes, 12 de febrero de 2010
"Esto también pasará"
(Este cuento no lo escribí yo, ni siquiera sé bien quien lo escribió, pero al cabo da lo mismo. Desde hoy es parte de mí. Siempre dije que me haría un tatuaje cuando tuviera un sentido llevarlo hasta la muerte. Un místico se lo regaló a un anciano, el anciano se lo regaló a un rey, un cuento me lo regaló a mí, y aquí les voy)
Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de su corte:
- Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total...
Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:
-No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje - el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas - le dijo - manténlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...
De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía “Esto también pasará”.
Mientras lo leía sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.
El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquéllas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes y él se sentía muy orgulloso de si mismo. El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:
-Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
-¿Qué quieres decir? – preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.
-Escucha –dijo el anciano- este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba. El orgullo y el ego habían desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado. Entonces el anciano le dijo:
-Recuerda que todo pasa. Ninguna emoción es permanente. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.
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