jueves, 11 de febrero de 2010

Entrevista con El Libro al que su Autor confesó no querer.


- Hola Buen Libro.
- Hola Buen Entrevistador.
- Dígame, ¿Cómo se siente con esta situación?

El libro reordenó algunos textos y letras contestando así:

El rock que no oirán a menos que suene en la radio.
La visita indeseada para la soledad autosuficiente.
El patito feo que ni cuando cisne lo reconocieron.
La abeja que enseñarán a hacer miel, no a volar.
La prostituta menos rentable del proxeneta.
El nombre que tiene apellidos por legalidad.
La muerte que le quita seis vidas al gato.
El regalo que se agradece por protocolo.
La obligación que censuró a la libertad.
Las flores perennes del amante infiel.
La semilla albina de un rayito de sol.
El esfuerzo que nunca alcanzó algo.
El inquilino que ojalá parta pronto.
El pero culpable de la frustración.
La elección debida y no querida.
El accidente que deja en coma.
El feto con sida que da alegría.
La evidencia real del fracaso.
El pasado para los rencores.
No es casualidad que el texto que formó el libro parezca un barco en el mar. El autor escribió en él la historia de un primer amor en altamar que trajo sólo desgracias a los personajes. Cuesta comprender que el autor aborrezca su obra, pero hay que ver como no asume la gente su locura.





(Dedicado a mi Autora)




miércoles, 10 de febrero de 2010

No debí piensa tarde o El basurero.

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- Oye... Oye.
- ¿Ah?
- Esa no es la bip, es tu carné.
- ¿Ah? Oh, de veras.

Lo guardó en el bolsillo. Luego de pasar el plástico correcto por la maquinita y con la sonrisa más tarada avanza por el pasillo de la 401 concentrado en no cometer otra torpeza, que excepcionamente hoy no se debe únicamente al pito matutino. Pasa hasta el final de la micro. Ahí se instala, al lado de la ventana que le muestra la Alameda de siempre; siluetas yendo y viniendo, subiendo y bajando, apurados y serios, y lo mejor de todo, es que eran perfectamente desconocidos para él. Dentro de la micro los que no duermen lo están mirando. Arturo no es nada fuera de lo común y lo sabe, entonces no entiende. El incidente de la bip no se pudo haber escuchado en toda la micro. ¿O quizás sí? Quizás el chofer le gritó: ¡Esa no es la bip imbécil, es tu carné! ¿O será que se encontraban todos los pasajeros en un silencio sepulcral de tal modo que cualquier diálogo se volvía audible fácilmente? No, no. La micro suena mucho con sus motores y latas patiparreando, no pudo ser. ¿Será tal vez que se corrieron la voz de uno en uno desde el chofer hasta esa señora morena que no le quita media pestaña chuza de encima? Arturo siente una ola de calor por su cuerpo que lo sonroja y marea levemente, bañándole la frente y el pecho en un sudor nervioso que se enfría pronto. No, ya, estoy volao, es eso, tranqui. Y eso ya lo habías concluido Antonio, lo mejor de todo es que todos son perfectamente desconocidos para ti. No pasa nada ¿Porque no pasa nada verdad? ¿Tendré los ojos muy chicos? ¿Muy rojos? ¿Muy idos? ¿Se me habrán caído? Qué chistoso sería. Contiene la risa boba que le viene mientras se da vuelta por completo mirando a la ventana, para que nadie le vea los ojos idos que quizás se le cayeron. Afuera La Moneda sigue estando después de Los Héroes y antes que Universidad de Chile. Eso lo reconforta. De pronto y como si hubiera recibido una orden urgente por telepatía desde el más allá, se saca la mochila rápidamente de la espalda como si estuviera viva y la coloca entre sus tobillos. Mal movimiento. De nuevo todos le miran, o eso cree él, que para su pesar es suficiente. En un intento por remediar la acción, toma la mochila desde arriba, la mueve como para no sé qué y la vuelve a colocar en el suelo, pero esta vez lentamente. Peor. Un olor extraño pasó como brisa. Pero bueno, ya lo hizo. Se queda mirando el cierre negro que apenas contrastaba en su mochila ploma, y antes de darse cuenta que era una muy mala idea, una serie de imágenes difusas comienzan a salir por entremedio de los dientecitos del cierre que se alargaban como tenedores. Los hologramas fantasmales se elevan, toman consistencia frente a sus ojos y le impactan en la cara, inundándolo de aquella espeluznante sensación que desde ayer conoce. El desayuno le quiere abandonar el cuerpo y lo anuncia con un reflujo sabor a huevo. No debí haber tomado desayuno, piensa tarde. El corazón se le detiene ¿Me morí? No, ahí está, aturdido. Le late en arritmia, pum... pupum... pumPUM...PUM... Mientras un batallón de hormigas africanas le nacen en la espina dorsal, le rompen la piel y lo invaden desordenadamente. Vuelve a sentir la ola de calor, marejadas de agua hervida en su pecho le queman cada poro, pero no son más dolorosas que los hologramas que le abofetean la cara, hiriéndole el espíritu. Cierra los ojos, como intentando esconderse. Completamente inútil si todo está dentro. Quizás sólo es el acto reflejo de recibir una golpiza merecida. La micro frena de golpe y Arturo intenta agarrarse a algo, pero no lo logra. Las hormigas lo tienen agarrotado. Cae indefectiblemente al pasillo. Esta vez sí que todos lo miran, pero ahora hay asuntos más urgentes de qué preocuparse. Suele recordarlo tarde. Agradece para si al vehículo o transeúnte imprudente que provocara su porrazo. Antonio se encontraba más hondo que el suelo de la micro y la caída vino a recogerlo del submundo. De a poco juntó las extremidades en su centro y se levantó. No tenía caso preoucuparse por los demás pasajeros ya, los demonios realmente peligrosos habitaban en su cabeza. Para no dejarse en evidencia frente a los católicos, intentó moverse lo más dominicalmente posible. No debí haberme volao' hoy día, pensó tarde. ¡Cresta, la mochila! Miró rápidamente a donde la había dejado. Aún estaba allí, desparramada, pero allí. La puso de nuevo entre sus tobillos y levantando sus brazos por sobre sus hombros se agarró fuerte al pasamanos más alto, pero antes de eso sacudió sus rodillas, tosió, miró hacia los lados y gesticuló algo parecido a una sonrisa. Cuando se tomó bien del pasamano miró hacia afuera. Quedan un par de cuadras para llegar al instituto. Ya Arturo, vivito, te bajay de ésta a la otra. En un rato más se acaba, un basurero y era. No hay nada más que hacer, porque ya está hecho, así que recoge la mochila, póntela sin mirarla, toca el timbre, a ese lo miras sí poh, y esperas. Se bajó después de hacer todo eso. La calle se le hacía cuesta arriba, o las distancias más largas o los pulmones más chicos o el mundo más grande, pero algo pasaba. Se demoro poco en recordar que el caos iba por dentro, en esos gramos que pesa el alma, hoy dilátandose como agua en el calor, ocupándole kilogramos; cinco, quince, treinta, cuarenta y cinco, sesenta y uno. La visión se le teñía con destellos rojos, de apoco más nítidos, son imágenes, tal como en la micro, el haz rojo se vuelve líquido, en hilos, se ensanchan, oscurecen, son ríos color carmín, verticales, ascienden del suelo a la cama, de la orilla a los pies de Sandra, suben por sus tobillos, rodillas, muslos, y entre ellos los ríos se vuelven un lago granate oscuro casi negro cobijando trozos de carne rosa que aún no terminaban de salir de esa vagina que él conocía y quería tanto. Se asomaba el último piecito que faltaba por ser víctima de los dientes del tenedor que sostenía Arturo. Eso de que los hijos se llevan a cuestas se le presentaba siniestro. Al suyo lo sacó de su mochila y lo echó allí, en uno de todos los basureros que podía hacerlo. Lo mejor, es que todos son perfectamente desconocidos para mí, estos basureros en forma de huevo que les dicen ¿cómo es que le dicen? Ah, sí... Arturitos.


martes, 9 de febrero de 2010

Fugaz, habitual o eterno


Veo una nave espacial de otra galaxia...
Que quizás sea un aeroplano nocturno haciendo escala...
O tal vez es un agujero del manto que se llama noche,
dejando entrever el sol que viene detrás.

No sé y poco importa... Porque de que está en mi cielo, está.





María Antonieta.
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lunes, 8 de febrero de 2010

Una vez


Dejar la cordura para los píos,
arrepentimiento para cristianos,
el agua diáfana para los ríos,
y la represión para los cubanos.

Dejar esos tuyos y estos míos,
las posesiones suelen ser en vano.
Dejar en blanco los porqués y sus líos,
las ambiciones sólo en las manos.

Y de tanto despojo; la desnudez,
invadiendo todo lo que encontró,
remozó lo que ves y lo que no ves.

La honestidad antes que sensatez;
de saber iba igual al encuentro,
del nosotros único de una vez.

domingo, 7 de febrero de 2010

Itinerario

"Créeme, no necesito mucho más que esto"
Toterreno.

La madrugada y su paz de cementerio. La ventana con noche. Estrellas y Luna bien, sino también. Pall Mall Menta y Mota ojalá. Ronson y OCB siempre listos. Papel y Lápiz o Bloc de notas. Ah, claro, el Notbuk. Los Lentes. Mi Cama; Cuna, Oficina y Lecho. La Lámpara Tenue. Una mínima estabilidad en Mercurio. Mis Pocas Cosas ordenadas sobre la Cómoda. Soliloquios Recurrentes. Esos Precisos Textos e Imágenes en la Pared. Música. Soledad y Silencio para oírme. Un par de Ideas Retenidas. Unos Amigos. Algunos en el Messenger. Algo pa' leer. Algo pa' comer. Algo terminado pa' que valga la pena el día. Saber que Es, Está y me Quiere.




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viernes, 5 de febrero de 2010

Prevención de riesgos

Madrugada, obvio. Un celular Entel llamando a un Movistar, ambos celulares tienen identificado en su lista de contactos al otro hace ya varios meses.


- Aló.
- Aló...
- ¿Dormías?
- Eee no, escribía.
- Ah. Oye...ee.. ¿Estás en tu casa entonces?
- Sí, ¿por qué? ¿querí llamar pa' acá?
- Eee no, no... ¿Ábreme? Estoy afuera, parece.
- ¿Parece? ¿estás aquí?
- Sí.
- ¡Pero!
- ¡Pero qué! Ven a abrirme o te tiro una naranja por la ventana.


El Entel corta. Siete minutos después vuelve a llamar al Movistar.


- ¿Aló?
- Aló.
- ¿Donde éstas?
- ¿Me viniste a abrir la puerta?
- Sí, ¡pero no te vi!
- Ah... Es que no estoy ahí.
- ¿Qué?
- Que no estoy ahí.
- ¡Sí, si te escuché!
- ¿Entonces pa' qué preguntas?
- ¡¿Dónde estás?!
- ¡Pero no arquees las cejas!
- Ya.
- Eee... Estoy al frente de la carnicería que venden cuellos de mujer por kilo, ésa que parece panadería, y en fin, aún no sé que es, pero ahora voy para allá... Tenía que saber primero si me ibas a abrir la puerta... Cuando llegue silvaré Madame Geneva's, vivito. Beso.


Entel corta y Movistar queda marcando ocupado.

jueves, 4 de febrero de 2010

Advertencia


Que a ninguno nunca se le ocurra quererme por creerme bonita:
Porque, primeramente, cometería un error
y segundamente, tomaría un riesgo;
un error porque bonitas son las flores;
y un riesgo porque antes que flor
resulto ser más bien tallo espinoso.

Quiéranme por todos esos defectos; ésos que no lo son.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Slow like honey

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"Te movías como la miel en mis sueños anoche.
Sí, algunos viejos fuegos se quemaban.
Viniste cerca de mí,
e hiciste que te ame.
Pero no podías discernirme totalmente..."


La noche, de costumbre absoluta, inminente y eterna, le aparece como escenario a medio mundo rebalsándolo todo; inertes y vivos se tiñen de azules matizados al negro, haciendo nacer faroles que iluminan nada para la mujer que avanza por la calle cercana a la vereda donde nacen perros y gatos. Nace también allí su úncia alma visitante, no hay más en esta calle, y aunque las hubiera; la vida es sólo muerte si no hay amor.


"... ¿Eso te asusta?
Te dejaré ir,
Pero no puedo obligar a tu corazón.
Tú me recordarás como una melodía.
Sí, frecuentaré tu mundo interior..."


Su caminar es cadencioso mientras que los vivos durmientes resoplan totalmente ingenuos al pasar huracanesco de ella y su caos por tan pequeña callecita que, hasta ese momento, incluso a las potestades del infierno les parecía que era calle principal. La ignoran por defecto. Le parece bien. A ella le agrada la tan temida soledad. Así puede caminar más lento. La sensación de libertad es abrumadoramente tierna, ¿o será sólo la candidez lunar? De cualquier forma por sentirla no exagera, simplemente se remite a lo necesario; no siendo esto caminar y respirar, sino caer en el éxtasis del minuto presente, matando sin velorio crueles fantasmas y oníricas proyecciones.


"... Y mi gran secreto te va a ganar.
Lento como la miel, pesado con humor..."


La luna arriba parece mostrarle el camino por sobre sus hombros, pero ese no es el que está caminando en realidad, sólo la ausencia de color podría confundirla a creer que es el mismo y ambas lo saben. Nadie ha visto más locura y tristeza que la luna. El alma mira hacia atrás en lo alto, como saludando al pálido astro y cuando devuelve la vista al cemento, un rayo plateado le cruza las pupilas para volver a hundirse en azules matizados al negro. Es como estar en medio del mar, piensa.

"...Te dejaré verme,
codiciaré tu respeto,
invadiré tu comportamiento
y me cederás como la escencia en la brisa
y te preguntarás que es de mí..."


Parece una escenografía, eso imaginaría ella si pudiera sentir la grandeza de su alma quizás. Pero esta noche no. Piensa que está dentro de una maqueta escolar. Casas hechas de cajas de fósforo forradas en papel lustre y asfalto de plumavit pintado con tempera ploma. Se siente una muñeca articulada, pequeña y coleccionable. El pinche en el pelo y la falda le ayudan a creérselo. Pero podría ser un palito de helado o una sombra también. Camina como cualquier cosa extraña pero aparentemente tan conocida.

"... Es mi gran secreto,
que te seguirá atrayendo.
Lento como la miel,
pesado con humor..."

Le canta a otra alma, que nauseabunda también le debe estar cantando en otro lugar, bajo la misma luna de los tristes locos. Y es la estupidez más grande que ambos se canten y no se escuchen, piensa la luna. El alma de ella cree que el problema es justamente este; él sabe que ella le sigue cantando y también sabe que ella sabe que él también le está cantando. El alma de él confía en el coro a dúo, en las canciones que conocieron juntos y pierde cuidado ¿Puede culparlo a él si la inmensidad del océano hace que nadie cuide el arrojar una colilla de cigarro en sus aguas? Pero podría ser un tanque de guerra o hectolitros de petróleo también. Él le camina por su deseo como cualquier cosa extraña pero aparentemente tan conocida.

"... Aunque los sueños puedan engañar,
como las caras a los corazones,
que sirven para relevar lo dulce.
Cuando la fantasía y la realidad
mienten demasiado lejos..."


Y es que las penumbras y el silencio son los que siempre traen a la luz los horrores y gritos que esconde el día. Día tras día. Hace cuánto tiempo ya. Pero no está pensando en aquéllo. Lo odia, pero sin odio, y es lo peor que le podría ocurrir a su alma saturada de aberración que tropieza con ausencias que cortan el aire y llenan el pensamiento sin proponérselo. Es más, suele irle todo contra su voluntad. Menos mal no se ha propuesto vivir.

"... Así que me estiro a través,
como un puente,
y te impulso hacia la cornisa,
y mientras esperamos,
tratando de lograr el final,
para satisfacer la historia,
¿Te liberararé?
¿Debo liberarte?
Mientras me elevo
para encontrar mi gloria..."


¿Debo liberarte? le pregunta mientras camina, cantándole con una devoción que está lejos de merecer y más lejos de sospechar. ¡Pero la libertad es abrumadoramente tierna! La perdona sin siquiera pedírselo extendiéndole sus brazos maternales. Nadie ha sabido más de tortura que la libertad.


"... Pero mi gran secreto,
Se irá asomando sobre tu vida.
Te voy a mantener a mi alcance,
Cuando me vaya como ayer.
Cuando soy alta como el cielo.
Cuando soy fuerte como música.
Porque soy lenta como la miel,
pesada con humor..."


La humedad se le mete por entremedio de los hilos de la chaqueta y le recuerda que no está en una maqueta, que no es una muñeca coleccionable y que el paseo y la noche se terminarán pronto y con ella su estado de indulgencia. Se concentra en no pensar como un adulto y lo logra, fácil, pero no se complace por ello. Recae en el éxtasis del minuto presente, matando sin velorio crueles fantasmas y oníricas proyecciones. Decide entregarse al mundo como recién saliendo del útero, inmensa al entender que todo el caos que le avanza atrás de si como un carretón abarrotado de cajas selladas al vacío de preguntas, teorías y desilusiones, se debe solamente al milago que otros le llamarían amor, pero que ella no sabe si quizás debería nombrar como odio, por lo que contaba denante, es lo peor que le podría ocurrir. Así que no le pone etiqueta, y ya basta, sólo lo siente, como venga, sin dosificar, hasta el fondo y luego hacia el infinito, entre vitamina y veneno, olvidando, sumisa al dolor, todas las paredes que pertenecen a la normalidad del mundo y sus rencores. Créanlo o no, luego de hacer esto, encuentra paz.







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martes, 2 de febrero de 2010

No sé si responda a tu pregunta, pero...


Viaje a ningún lugar,
tiempo sólo presente,
camino irregular,
débil olor ausente.

Cuadro y también pintor,
melodía muy grave,
aunque dulce su color,
fuerte, lenta y suave.

Soledad saludable,
concha de éstas perlas,
olvido inolvidable,
con sol no vas a verla.

Religión sin dios ni ley,
fidelidad al sentir,
antónimo opus dei,
oveja negra vivir.

Soliloquio constante,
decaesquizofrenia,
prioridad cambiante,
la inquietud es reina.

Sensibilidad pura,
pura indiferencia,
justicia guía dura,
segura apariencia.

Auténtico existir,
caos organizado,
nulo temor a morir,
suicida embriagado.

Aliciente en el país
de las malas niñas,
distinta en la raíz,
dan uvas gris las viñas.

Amor real si lo es,
entrega absoluta,
un segundo o un mes,
dama o prostituta.

Escriba de origen,
tormenta de ideas,
creaciones erígen,
pa' que entrañas veas.

C.


domingo, 31 de enero de 2010

Carta de María Antonieta a Rodrigo Junio


Estimado Rodrigo Junio:



Lo peor,
¡Es que me Mato por Uno de los Nuestros!
¡De Esos que Cometen Actos Criminales!
¿Seré Demente Yo, Amigo mío,
Por Tentar al Abismo?
¿o Usted
por No Estar Entregándome al Manicomio?



María Antonieta.



sábado, 30 de enero de 2010

Escribible dices



Escríbeme en los brazos tu nombre,
para que sepan ya todos los hombres,
de donde viene la luz que alumbre,
y no venga aquí nadie con hambre.

Escríbeme en las piernas dos versos,
pa' que no intenten rimar con otros,
que no amanezcan de ti y esos,
dejen claro que tengo un nosotros.

Escríbeme en el vientre
te quiero,
no importa cuan grande o pequeño,
pues no lo luciré, es que prefiero,
anotar un
también, caer del sueño.

Escríbeme en la espalda tus faltas,
verás que mortal y sin blancas alas,
se borraron otras letras escritas,
no las vi, ponlas ya pa' olvidarlas.


María Antonieta.

jueves, 28 de enero de 2010

Mosqueando

En la mañana se paró sobre una tarta de frambuesa casera. La miraba con sus más de ocho mil ojos, y a através de todos se veía apetitosa. Caminó con sus seis patas por la masita, las frutas y el azúcar flor. Se saboreaba patudamente satisfecha mientras contaminaba la delicia sin culpa alguna. Cuando la descubrieron, la echaron a pañoletazos hacia la puerta. El banquete no era para ella. Nunca lo era. Ya en el patio, fue a dar a un mojón de perro sano, aún blando y calentito. Se quedó allí un buen rato. Luego voló hacia atrás, como sólo ellas pueden, y se estacionó dentro de una bolsa llena de papel higiénico usadísimo. No le hace asco a la caca, lo sabemos. Las mosquitas muertas son otras. En la tarde, aburrida del hedor o qué sé yo, entró por una ventana de cortinas celestes. De un sólo cojinazo del mismo color la aturdieron casi de inmediato. Convaleció durante una hora y media con un tsetseo tartamudo entre la ventana y la cortina. En la noche murió y nadie suspiró por ello. Tuvo una vida como la de cualquier humano, de esos que andan de pasada, sin esfuerzo ni razón de ser. Esos que andan puro mosqueando. Esos bien como la mierda.

martes, 26 de enero de 2010

Desafío



Frente a Tentación;
Ahí, y sólo ahí, quiero ver a los Cristianos.
A Noemí también.

domingo, 24 de enero de 2010

Bonita


Mientras meaba parada achuntándole al desagüe, pensaba lo mismo de todos los días. Que cómodo que sería haber nacido hombre. Porque ese lujo sólo podía dárselo en la ducha y casi como placer culpable. Si fuera hombre tampoco tendría que depilarse las axilas. Se las miraba, ya le empezaban a pinchar un poco. En las piernas el vello le crecía poco y rubio, así que eso al menos no era problema. Llenaba con jabón de glicerina la esponja y se la frotaba en círculos con fuerza como si por fricción fuera a desaparacer la grasa bien merecida pero no alarmante que le sobraba en el abdomen y bajo las caderas. Al menos soltaba un poco el enojo consigo misma que le inundaba por dentro mientras el agua por fuera. La madurez, cada quien sabrá, pero lo cierto es que los años no pasan en vano por las células y el metabolismo no era el mismo. Cada grasita que disfrutaba comer parecía que era almacenada desde ya para cuando no tuviera muelas para comerlas. Sin embargo las piernas y los brazos eran firmes. Llevar adelante una casa es trabajo arduo, digan lo que digan. Era cosa de verla trapeando ese corredizo que con tanto esfuerzo logró tener y que terminó odiando.O por las noches las dos horas clavadas cargando a la maña con patas que tenía por nieto. Nadie dudaría que esas extremidades no tenían nada que envidiarle a un deportista de los capos. Pero ella no corre, y no lo haría ni aunque la persiguiera una estampida. Menos mal que no suelen haber en la ciudad. Y la razón era; sus pechos. El gran tamaño que en una época le favoreció tanto entre los varones, hoy no hacían más que incomodarle. Ya no lucían apretables, más bien parecía que imploraban ayuda. Daban ganas de sujetárselos de alguna forma que pudiera caminar erguida. Con cuarenta y seis años más cerca del final, sólo el cabello seguía siendo el mismo. Increíblemente aún ni uno solo enblanquecía. Jamás se ha teñido y no lo hará tampoco. Las grandes ondas castañas que, dependiendo del sol, lucían más o menos rojizas, le habían dado siempre un sello muy personal. Se resfregaba el champú con fuerza. Pocas cosas le molestaban tanto como quedar con el pelo mal lavado, que hoy por hoy, venía siendo lo poco que le hacía sentirse a ratos bonita. La reciente menopausia había causado estragos en su percepción sobre si misma y su ánimo. En sus peores días no se soportaba y sólo entonces bebía una copa de vino tinto. Algo la dopaba. Lo suficiente para dormir unas horas sin culpa. Si fuera hombre me metería a un sucucho y bebería más de una copa y con menos culpa, resongaba para sí. Despertaba un poco atropellada, pero con esa extraña paz de haber hecho algo por la suya. Se pasaba la piedra pome por los talones queriendo de nuevo ser hombre. Ellos no tienen que usar tacos, son pachachos y punto. Trabaja como funcionaria en la municipalidad de Nuñoa hace veinticinco años. Un cuarto de siglo caminando a seis centímetros del suelo. Las venitas azules que explotan en várices eran las más afectadas. Qué remedio, no la despedirán hasta que jubile. Con la indemnización que le corresponde pagarían estampillas hasta el otro siglo. Y si fuera hombre le estarían pagando lo mismo que a Julián. Desgraciados, pensaba. Termina la ducha con un chorro de agua fría como para salir del ensueño de lo que no es y volver a ser. Se enrolla una toalla en el pelo y la otra en ella. Con cuidado un pie afuera y luego el otro. Quita el vapor del espejo con su mano derecha, con la izquierda afirma el camburucho en el pelo. Se mira resignada, pensando en el ritual que viene. Si fuera hombre ya estaría lista. Pero no es poh. Crema, corrector de ojeras, encrespador, rimel, pinzas, peineta, fijador, secador, rubor y delineador. No usa labial. Los labios ya no son tersos y destacarlos sería una torpeza. La pretensión de una mujer se la lleva la tumba o el marido. Y marido nunca hubo. Ya emperifollada y con la piel empezando a enfriarse, camina rápido a su habitación. Sobre la cama todo previamente alistado. Llegar y poner. Sostén gigante. Inevitablemente el broche queda a la altura de los omoplatos. Si fuera hombre no tendría que usar sostenes. No tendría senos. La envidia la consume un poco. Blusa, chaleco, falda, medias, tacos. La cartera con todo lo necesario e innecesario para ojalá no depender de nadie. La última mirada al espejo. Está todo en orden. Dentro de lo esperado, claro. Cerrar, apagar, cortar, desenchufar. Repasar; cerrar, apagar, cortar, desenchufar. En el momento que abre la puerta, lista o no, se asume al mundo, a su vida y al día que empieza. No hay espacio para dudar, mucho menos temer, y a estas alturas de su vida ¿temerla a qué? Los años los lleva encima, pero como una gran insignia de plumavit. No puede ocultarlos, pero aún goza de buena salud dentro de todo. Está en el punto en que la experiencia es terreno ganado sin pagar mucho por ello, aún. Mientras cierra la reja del antejardín de violetas y rayitos de sol, escucha el sigiloso andar de una bicicleta que se acerca hacia su vereda. Ayayay, qué tenga un lindo día, bonita. Sonríe sinceramente sorprendida. Años sin recibir un piropo. Recordó en el calor de sus mejillas que el bochorno no es sólo hipertensión. Caminó firme en sus tacones, y durante el resto de martes, no volvió a pensar en si fuera hombre.

jueves, 21 de enero de 2010

Soneto I


Las tormentas le vienen y encima,
su barco retrocede a madera.
En medio del todo y nada grita,
le oigo no llamar a mi ladera.

Ciego de caos la sed abrasiva,
miente agua dulce hasta la vera.
No beba que la sal no es salida,
levante con fe la vista siquiera.

Detrás de esa loma hay un lago,
de aguas naranjas que ya conoce,
aquella vez que exclamó - Naufrago.

Aquí no temió muerte sino goce,
ahora triste bébame un trago,
le sabré más a vida que entonces.


martes, 19 de enero de 2010

Ley

Realmente
(modo en toda su acepción),
Todo
(también en su máximo),
Pasa
(de quedar atrás).

Y es que claro,
Todo se Transforma,
pero a uno se le suele olvidar
cuando cambia a desfavor propio
y el pesar lo vaticinamos inminente.

Deberíamos usar la memoria
en labores más útiles
que fechas y nombres,
que rencores y melancolías,
que datos y enciclopedias.
Deberíamos en cambio,
recordar de vez en cuando,
el pasar que ha pasado,
el sufrir que apaciguó,
el llanto que secó,
la angustia que abandonó,
la ira que empalideció.

Y si hoy no ha pasado,
y aún es presente,
pensar entonces,
que también pasará;
inexorablemente,
inevitablemente,
y para bien propio,
inolvidablamente.

De toda alma se los grito.

domingo, 17 de enero de 2010

Las aceitunas son ricas para quien le gustan.

Ella lo mira descaradamente y parece que sólo yo me doy cuenta. Aunque él también debe notarlo. Él se ve en el vidrio de la puerta del vagón y levanta una ceja mirándose en tres cuartos. Es guapo, y lo sabe. Es evidente, como mujer con escote. Ella ni lleva escote ni es guapa, y también lo sabe. Es bastante lo contrario de hecho. Debe tener unos diez kilos de más, y sus rasgos ni la ayudan ni la definen. Pero eso lo sabe hace años, así que lo sigue mirando. Le mira como dibujándole el mentón amplio, la nariz masculina y recta, la mirada de hombre ocupado, que está muy ocupado para mirarla, y seguramente también le ve su pelo castaño claro que termina en una ondita cayendo coquetamente sobre su cuello. Lo miro también, es parte del puzzle. Y está bien, es un ejemplar atractivo, pero ¿ya basta? Osea, no es que no haya que mirarlos así, pero digo, no sé, pobre tipo, debe sentirse incómodo. Yo lo estaría con esos ojos de serpiente mirándome el nido a unos centímetros ¿O a él le gustará sentirse museo? Quizás colecciona miradas en el metro. Hay cada manía. Miren la mía; detective de medio tiempo. Sigo. Quizás por eso usa esas poleras que favorecen su espalda. Sí, quizás le gusta. Combina esa actitud con su mirada tres cuartos. Y ella ¿Estará sufriendo algún tipo de hipnotismo? De esos bien animales y olorosos. O ¿Tan invicible se siente que poco le importa actuar decorosamente? En días malos uno hace esas cosas. No sé. Lo que sí a ella le deben gustar cosas muy distintas a las mías. Ella debe ver televisión toda la tarde y comer aceitunas. Debe tener hermanos menores y ser fans de algún romántico de la industria. Pero tiene buen gusto con los hombres, físicamente al menos. ¿Será que idealiza a los guapos así como yo a los tímidos? Porque mientras creo ir descubriendo su verdad, me abro paso a la mía. No me hipnotizan los guapos con su ondita coqueta que les cae sobre el cuello, pero hay que ver como me clavo en los tipos retraídos. Eso sí, no esos que andan por la vida como pidiendo permiso pa' respirar. Sino esos que esconden la mirada porque los delata, pero al ocultarla se acusan también. Esos que pecan de transparentes. Esos que ni ríen ni hablan mucho. Que no alardean ir de, simplemente van. Esos que no piropean en la calle. A veces acierto, a veces no, pero suelen esconder mundos tan propios que no puedo sino querer conocerlos. Y fantaseo en ese pensamiento. Esos, los raros me gustan a mí. Sonrío, recuerdo que amigas me lo han dicho ya varias veces. Y más raro que ellos mismos es reconocerlos a simple vista, por lo que no suelo andarme enamorando en el metro. Y a ella, no le deben gustar esos tipos. Le gustan las aceitunas, definitivamente. Caso resuelto.

viernes, 15 de enero de 2010

Dios me libre





"Si has tocado fondo sabes lo que digo,
saluda en el espejo a tu peor enemigo"
Shotta.

Padre Santo, oh buen Dios,
Te damos gracias por estar reunidos una vez más
En tu presencia sin novedad que lamentar.


Piloto automático,
Volá,

Amigo cruzó,
Obvio crucé,

Rojo,
Auto,
Topón,
Volé. De verdad.
Suelo,

Mierda,

La pierna,
No se mueve…
No, pera…
Ahí sí.

Libré.

Te damos gracias Padre Santo
Por todas las bendiciones, por protegernos
Del enemigo, siendo tus hijos,
Nosotros tus fieles corderos.


Horas;
De la cebada

A la caña de azúcar,
De las uvas negras
A las verdes.
Aire,

A negro,
Suelo,
Temblores,

Inconciencia,
Casi coma,

Casi era,
Reviví.

Libré.

Gracias te damos por estos alimentos, por la salud.
Perdona nuestros pecados buen Dios
Y ayúdanos a ser mejores cristianos cada día.

Cinco aeme,
Ciega de ron,
Me voy sola,

Que tanto,
Tozuda.
Flayte;

Pasa la hueá,
¡Qué pasa la hueá!,

Va, tirón,
Pa' allá,

Pa' acá,
Corazón grande,
Un extra,
Se corta la tira,

Corrió.

Libré.

Gracias también te damos por que cada miembro de esta familia
Ha sabido llegar a tus caminos, sirviéndote y honrándote Señor.
Estamos bajo tu promesa oh Dios, a tu lado nada nos faltará.

Alameda,
Todo menos sana,
Sola y con una idea fija.
Vaya mezcla.
Sombra,
Tipo en la oreja,
Camina. Vo’ te vení conmigo.
Imperturbable,
Aliento en mejilla,

Hecha roca.
¡Micro!

Chofer,
Buenas noches,

era.

Libré.


Como cada reunión te pedimos Padre
por nuestra nieta, sobrina y prima señor,
Guíala para que un día también llegue a tus caminos.
Bendícela y protégela Padre, donde quiera que esté.
Te rogamos por su alma.

domingo, 10 de enero de 2010

Rebelión III



Estimadísimo Poeta:


Esta es mi última carta, como musa de papel.

Frente a mi oportuna decisión de desaparecer de su vida escupida en la
carta anterior, ocurrió la revelación completa de todas sus frases a medio terminar; mi presencia era más necesaria de lo que imaginó y de lo que imaginé.

Ni con las cejas, pero si muy gris corté la comunicación. Le confieso que en mi ausencia de usted intenté ausentarlo de mi, Dios sabe que quise, pero en el existir más sensible esperaba que mi lejanía podría hacerle reaccionar. Y sí, encontró una manera. Su llamada de auxilio en medio del mar no pude más que contestarla y aceptarle nuevamente en mi puerto. Sus argumentos eran escasos, pero válidos y la añoranza por volver era mutua, urgente.

Así, la larga espera de más de tres lunas cobró sentido. Sólo unos días bastaron para que la situación de drama terminara. Se ha comportado al fin valiente. Ya no está usted ligado a ese amor que venía en coma y ha decidido arriesgarse a nacer aquí, punto aparte.

Nada más que gracias puedo darle por permitirme entrar en su vida y por no salir de la mía. Nuestras esencias de Mercurio juntas resplandecen más fuerte, ¿lo nota?. Las horas se nos van admirándonos del
nosotros. Pesimistas y perdidos, de pronto nos hayamos esperanzados y encaminados, escribiendo en verso una historia con olor a madrugada.

Si bien ninguno logra entender bien lo que sucede, creo hablar por los dos al decir que no tiene comparación a algo vivido. En mi caso sí a lo soñado. Sabemos que es fuerte, pero no trataré de explicarlo o denominarlo, al menos no en esta carta. Al parecer la sobredosis de inspiración bloquea, aún no puedo ni siquiera describir conforme. Y sé que usted tampoco, sus poemas apuntan a lo insólito. Metáforas sublimes podrán hacerlo en algunos días quizás. Pero esta vez no hay prisa... Y es inquietantemente tranquilizador decirlo.

Sólo le sugiero dejar de interrumpir mis caricias preguntándome quién soy con esa cara de incredulidad y asombro. Soy legítimamente todas esas que ha conocido y no hay truco. Usted mejor que nadie debería comprenderlo, también es muchos en uno, y yo los quiero sin chistar a todos. Dejemos el miedo que confesamos tener de
o construimos o nos destruimos. Yo preferiría confiar en lo primero y que lo segundo lo haga el cigarrillo.


Sentada en su cama de verdad,




María Antonieta de las Naranjas Demoniacas.

jueves, 7 de enero de 2010

Vaso con hoyo

“...Y todo por ser veraz, alcohólicamente veraz.”
Truth on the Rocks – M. Benedetti.


Y ni siquiera sé porqué bebo.
¡Pero tampoco sé porqué existo!

Bebo rápido y segura.
Compenso,
A sabiendas,
Todo se volverá lento.

El borde es difuso,
Se aleja, avanzo.
Cuando lo pierdo,
Aparece atrás.

Siempre es lo mismo;
El olvido.
Entremedio un nunca más,
Pero
siempre es lo mismo;
El olvido.

La presión de vivir
Conciente de hacerlo,
Enloquece a los locos,
La redundancia aterra.
Permiso, voy y vuelvo.

¡Adonde me fui!
La que respira ahí miente;
¡Dice verdades,
Que yo no diría!

Se relaja.
Se justifica.
Descarta los quizás,
Todo es,
Absoluto por liviano.

Y se pone tan mujer,
María debería llamarse
Si nace de nuevo.
Pero eso no sucede;
Nace muerta,
Nadie la llama.

El sol ilumina la noche.
La usurpación
Deja ruinas,
Y desazón;
Como sobrevivir,
Al suicidio más torpe.