sábado, 10 de julio de 2010

Rojez


Me mira con sus dos cañones, cargados de pólvora, custodiados por halcones, peligrosos como el odio. Sin dejar de apuntar mis pupilas, me acerca su horizonte donde guarda todo el cielo y el mar, lo abre y me zambullo. Durante siglos de segundos volamos por el agua y nadamos por el aire hasta que exhaustos de profundidades retornamos a la orilla de ser dos. Me huele con su pirámide, rastrea vida entre mis dunas tibias y silenciosas, hasta que provoca un suspiro que se cae de ansioso sobre la arena. Entonces me orbita entera con su galaxia de diez soles, evaporando los oasis, deforestando los bosques y floreciendo los desiertos. Me amordaza con poemas para que no grite de espanto cuando note que avanzamos al precipicio de los versos, allí donde es locura o es muerte. Ve que no intento gritar sino sonreír, y en vez de eso lloro. Hemos llegado a la sangre de las venas, a la luz de alerta, al alto en el camino, a la pasión del amor. Tus halcones recogen cañones, horizonte, pirámide y galaxia y sin avisarme vuelan hacia tiempos más seguros. Sucede que cuando anochece, los cielos naranjos de ayer oscurecen al rojo de hoy. No hay adonde ir si el gris ya no es opción. Querido, nuestro país se llama Intenso, viviremos y moriremos en él.

1992



Cuando tenía cinco años, tenía mamá, hace poco papá y no me preocupaba nada excepto tener un diente suelto porque sabía lo que venía. Vivíamos en la casa de la mamá de mi nuevo papá. Era una casa enorme, llena de cachureos y olía a viejo. Los niños del pasaje decían que estaba embrujada y no iban a buscar las pelotas que se les caían. El comedor crujía entero y la escalera más, pero lo tenebroso de verdad era una pintura de un payaso que había en el descanso de la escala, por Dios que cosa más fea. El baño era celeste y largo. Vez que iba tenía miedo de que abrieran la puerta mientras hacía pipí. Nunca me alcancé a ver en el espejo del lavamanos.

Con mi mamá y mi papá vivíamos en un anexo de la casa; era una cocina y una pieza donde dormíamos los tres. La primera conversación importante que recuerde, fue allí y con luz de lámpara. La tarde que Mónica y Roberto se casaron por el civil yo estaba en el jardín y no supe, me lo contaron en la noche junto con la extraña noticia de que ya no me iba a llamar más como me llamaba, cosa que olvidé y volví a recordar seis años después.

Los perros de la casa en que vivíamos, el Alí y la Kisi eran más grandes que yo y el ciruelo era veinte veces más grandes que ellos. El patio era gigantesco, había un parrón, una higuera, un auto muerto y un huerto también. Mi mamá me lavaba el pelo en una fuente azul sobre un tambor que guardaba la ropa de invierno. Yo la veía al revés mientras sonaba mi casette infantil.

Sobre una tabla jugaba a escribir con la punta de las peinetas o los palillos de lana, hasta que un día debió suceder que mamá atinó a pasarme un lápiz. Mi nuevo papá, siempre más atento que mamá por mis inquietudes, me fabricó una pizarra. El primer cuento que hice lo escribí en una servilleta y era acerca de un oso.

Era tan tranquila y callada que las visitas creían que era muda hasta que me reía. Me reía harto. No pescaba mucho los pocos juguetes que tenía, inventaba juegos en los que a veces incluía a mi mamá que era la más buena y bonita. Mi papá era el más inteligente y divertido. Me enseñaba canciones, trabalenguas, poesías y adivinanzas. Tenía una Canon con la que vivía sacándome fotos, de ahí que tenga millones de esta edad. En la noche me costaba mucho quedarme dormida, igual que ahora. El pan con huevo y tomate en la once era bacán, igual que ahora.

Hice el primero básico en un colegio que se llamaba Gabriela Mistral, en San Miguel y recuerdo que en el trayecto del primer día de clases ensayábamos con mamá el himno nacional en el colectivo. Cuando llegué a la formación de los cursos era la más alta del 1°B. Yo no sabía que era alta hasta ese día. Al poco tiempo de clases odiaba a mis compañeros, al punto de pedirle llorando a la profesora que no saliera de la sala, de verdad no quería conocerlos. Me costaba jugar con otros niños. Cuando me colapsaban, me dejaba perder y así podía irme. Eso sí, me gustaba un niño que se llamaba Matías; era muy blanco, tenía los dientes chiquititos y un lunar en la mejilla. Creo que nunca le hablé. Le escribí cartitas que no le di y que un día encontró mamá. Recuerdo ese momento como muy vergonzoso.

Un día la profesora Gladys no me dio permiso para ir al baño. Creo que estábamos a punto de empezar una prueba entonces seguramente creyó que era una excusa o no sé. Resignada me senté y obvio que me meé. La profesora le pedía disculpas a mi mamá después por no haberme creído mientras me vestía con una jardinera rosada de emergencia que había en el estante. Le decía entre risas nerviosas que el pipí escurría por toda la sala y que no terminaba jamás.

Me eligieron reina de ese curso y yo sin mis dos paletas, por lo que no salí sonriendo en ni una foto de esa ceremonia. El rey feo era el el Carlos, un niño que su mamá le contaba a la mía que se escondía debajo de la mesa cuando no quería hacer las tareas. Habían dos niñas que quisieron ser mis amigas cuando salí candidata; la Tamara y la Carla, las dos tenían los ojos celestes. Yo sabía que en realidad no me querían, así que no las dejé ser mis amigas.

De mi pasaje conocí a una sola niña, se llamaba Sarita y era la hija de la peluquera con el pelo más horrible. A la Sarita le gustaba jugar con más niños en la calle, a mí no, así que o iba a mi casa o no la veía. Una vez hicimos helados de papel lustre y queríamos salir a venderlos, o yo quería al menos. El día que nos fuimos de esa casa no le avisé ni me despedí, no se porqué.

1992 es el año que recuerdo con más nitidez de toda mi vida, creo que era bastante feliz.




viernes, 9 de julio de 2010

miércoles, 7 de julio de 2010

Treinta y dos mil setescientos sesenta



Calculando rápidamente, diría que treinta personas podrían decir que me conocen, del tipo ella es así, se comporta o piensa así... Doce de éstos podría considerarlos amigos del tipo me gustas, me importas y te quiero. Y de ellos, siete han llegado a saber más de mí que yo, y los amo.

A diario, este humilde blog registra un promedio diario de entre ochenta y cientotreinta clicks además de un promedio de veinte horas al día con algún visitante. Hace mucho tiempo que comentario casi que no recibo. Tengo mis teorías, pero es asunto irrelevante para el análisis, para el mío al menos, quizás ustedes podrían custionarselo, pero es su pega.

Conclusión; aquí entra por alguna razón, que espero sea leer, el triple de la gente que me conoce, casi diez veces más de los que son mis amigos y veinte veces más vislumbran lo más íntimo de mí, eso que, en simple, le detallo sólo a siete personas.

Mi misión en este columpio es y será comunicar, no sé en que termine ni mucho menos como, pero el entender que hay quienes algo buscan y encuentran en mis códigos, temas y formas, es suficiente para darme vuelo.

Ya comprobado esto, procedo a eliminar el contador de visitas. No quiero que la atención de cuánto me leen perjudique el mensaje. No es que no me importen, al contrario, hicieron mucho, incluso en silencio. Hubiese preferido conocer los motivos de la lectura, pero saber eso tampoco es esencial ahora.

Gracias a quién pasa, por el motivo que sea.

Dejaré el contador de gente circulante,
a veces me hace sentir menos sola cuando llego a casa.


Sinceramente,
Noemí

lunes, 5 de julio de 2010

Hace un año



Cansada de verte pasar, te toqué el hombro y pregunté si querrías buscarme.





Odio a todos los que cuentan explícitamente en su nick lo que están haciendo o sintiendo. De verdad un día voy a eliminar a todos los que lo hacen.



sábado, 3 de julio de 2010

Lo peor.


Quiero escribir una decena de cosas. Como no puedo escribir diez al mismo tiempo y decidir siempre es un problema, no hago ninguna. El poco tiempo, es lo peor.


miércoles, 23 de junio de 2010

Insoportable



No me interesa en absoluto lo que me estás hablando. Es aburrido. Es nada. ¿Por qué no haces otra cosa con tu tiempo? Te regalé ese libro sin polvo... ¿Y eso, te llena o te evade? Oye, espera, ¿algo te llena? ¿Y si quieres evadirte, por qué no lo asumes y te drogas o te emborrachas de una vez por todas? digo, en vez de matarte mariconamente en dosis... Me molesta que les digas que me amas ¿lo sabes? Les has contado también que.... ¿No verdad?¿Entiendes el rechazo que siento al oírte en la mañana? ¿puedes dimensionar lo sola que deseo estar cuando estás? Es patético lo que haces, no puedo ocultarlo y lo siento, porque de todo esto la culpa no es tuya; yo soy la insoportable.

lunes, 21 de junio de 2010

Episodio rojo



Su cuerpo no me dejaba mover sino hacia él. Absolutamente querida, tibia y perturbada le dije:

- Si no sigues, me voy a morir.

A lo que él sin poder moverse sino hacia mí. Absolutamente querido, tibio y perturbado me dijo:

- Tú te vas a morir, pero a mí me vas a matar.

Entonces, como dos suicidas, nos movimos el uno hacia al otro. Absolutamente queridos, tibios y perturbados.

- Si de cualquier forma hemos de morir, te regalo mis dos últimas palabras- le dije en dos palabras. Y morimos.


domingo, 20 de junio de 2010

Privado en público

Me coloqué el sombrero tapando mis ojos. Me guardé las joyas en el bolsillo. Cubrí mi cuerpo con el manto más opaco y caminé por la calle principal. Todo mundo iba en la misma dirección rumbo a la feria del pueblo. Al entrar, me di cuenta que quizás el cuidado era innecesario. Había tanta gente que era imposible reconocer bien a cualquiera; comunes y extraños sin excepción, abrumados por el calor. Todos estaban exquisitamente vivos e inquietos. El contacto de los cuerpos al avanzar en distintos sentidos parecía molestarlos, como un trámite ordinario y sin importancia. Seguramente nadie más estaba allí para sentirse parte. Yo disfrutaba cada hombro que me tocaba, respiración que olía y conversación que no me hablaba. Mis mejillas y pecho estaban tibios, felices. Nadie estaba pendiente de mí ni guardaba absurda distancia. Sólo lamentaba no poder levantar la vista y mirarlos a los ojos. Me los imaginaba por sus voces y temperaturas, zapatos y ritmos. De pronto, alguien levantó mi sombrero sin permiso, pero con cuidado, deteniendo mis cálidas fantasías. Me miró a los ojos y dijo ¿Señorita Le Blanc? ¿Qué hace usted en un lugar como éste? Si le digo la verdad, no me creería señor oficial, respondí y avancé bajando mi sombrero.

jueves, 17 de junio de 2010

Veintidós

Hace años que no recibía un nuevo año con tranquilidad. Una sonrisa, un cigarro y la ventana. Los 21 fueron mi mayoría de edad y no antes. En los 21 que despido entendí quién era, me di mi espacio olvidado, expandí fronteras descubriendo, rescaté mi esencia y la trabajé, tuve fe en mí y me escuché millones de horas. Cambié cuatro veces; Superé, Excedí, Conocí e Integré. Volví a tener Cinco años, a recuperar quién fui en mi más tierna y real existencia, esa alma que creí perdida en el torbellino de los días revivió junto conmigo. Después de la guillotina no podría ser la misma y me alegro de las crisis y las recompensas. Comienzo mi nuevo año con la cabeza bien puesta, entendiendo porqué me pertenece, porqué funciona así y cómo debo hacerme cargo de ella para no volver a perderla. Crecí al volverme Niña, y es de las maneras más lindas que me ha tocado aprender. La mejor parte es que en el jardín infantil conocí a un Niño con el que viajo por la galaxia. Contenta de que el pedido que realicé, llegó, y superando dulcemente el encargo inicial. Un año exacto después de escribirlo arrivaba envuelto en cintas en esta misma habitación donde lo soñé. Profundamente agradecida, orgullosa y enamorada de las personas que están a mi lado. Con la sensación de haber encontrado mucho, pero sobre todo acá adentro, pudiendo entregar más allá afuera, formando un círculo de aprendizaje basado en el amor y sus caminos. Mis tres deseos los escribo porque se ha vuelto mágico y premonitorio; depositar con fe y verdad mi alma en letras ha resultado, además de un acto necesario y disciplinado como siempre, una forma de manejar el pasado, el presente y extrañamente el futuro: Amor, Éxito y Paz; pero como soy Géminis, dual y mutable, me permitiré que la otra pida tres más: Crisis, Cambios y Fuerza. Tengo nostalgia bonita, quiero tener 21 por un rato más, a menos que sea cierto que como dijo él, Poseidón me traerá vientos mejores y naranjos. Yo espero lo que me corresponda, sentada en el columpio mirando todo lo que me rodea.

martes, 15 de junio de 2010

Alivio


La ciudad y los curiosos dormían. La neblina avanzaba por las calles vacías, dificultando lo evidente, facilitando lo oculto. Los semáforos cambiaban indicando a nadie, parecían luces navideñas; inútiles, pequeñas.

Desde mi edificio al de él; quince centímetros. Entre él y yo, millas inconexas. Entre mi departamento y el de Gabriela hay sólo tres centímetros… Que la niebla me haga invisible, sólo unos minutos más, antes de serlo. Esta vez sí.

- ¿De nuevo hueón? – la oí tras mi espalda, afligida y enojada.

- Gabriela ándate porfa’ – dije apenas.

- Negra… Conversemos, ven.

- No hay nada que conversar Gaby. Está todo hablado y no sirve – le dije por tercera vez en el último mes.

- Mira pendeja, el que la hace, la hace, y tú ya no lo hiciste… Aparte, ya lo llamé – confesó.

- ¡¿Que hiciste qué?! – pregunté por inercia. Había oído perfecto y fatal.

- Que lo llamé poh Negra ¿No es ésa la huéa que querí, verlo? Bueno, viene para acá… Es persona, se preocupa, obvio – me dijo mientras se acercaba y buscaba mi mano. Se la quité sin darme cuenta para pensar en orden.

Viene. Dudé y me desesperé por actuar, olvidando un par de segundos que por eso mismo estaba allí; llevaba demasiado tiempo dudando, desesperada por actuar. Di un paso atrás. Gabriela sonrió. Oí el aire salir de su boca menguante, pero no la miré… Era mejor quedarse con esa sonrisa aliviada en el recuerdo. Era el último. Gracias Gaby pensé y dejé de dudar. Di un paso hacia adelante y luego otro hacia la ciudad dormida y sus curiosos.



lunes, 14 de junio de 2010

Y sé que los ojos se te nublan de puro ego


Después del temblor recuerdan haber notado el cielo, la luna o la temperatura cambiar. Si a todo el mundo le sucede, este error me hace sentir humana. Asistiendo a tu compañía de víveres y caramelos, me guardaba algunos en el bolsillo para este día en que ya no estás. Sin embargo sucede que vencieron hace un par de meses y los boto. Nunca volveré a pasar por lo mismo, porque aprendo. He aquí la razón por la que no debe extrañarte que no te extrangule por respuestas ni me mate por tus silencios. No me olvido de mucho y tengo mucho más que agradecerte, aunque al respecto estoy tranquila, siempre lo hice en su momento. Cierto es que hoy no entiendo qué sucedió, pero más cierto es que tampoco quiero hacerlo, digo, intentarlo, porque no hay motivos que avalen tu ausencia. Si alguna vez te falté, repróchame y juro que me callo en este misma línea. Sigo. No sé si sabías pero, la única traición que he perdonado en mi vida fue la tuya, hace tantos años, y que también ésta fue la razón por la que me permití en algún momento no serte tan leal (soy menos ingenua de lo que crees, pero no más inteligente, sólo justa). Ahora no puedo hacer otra cosa sino reprenderme por haber ido en contra de todo lo que siempre he pensado. Las personas no cambian, tarde o temprano vuelven. Así es, una vez más al indagar en el registro de presentimientos y guías olvidadas estaba escrito el futuro. Me conoces, me hago caso tarde. También pasé por alto aquélla ley del mundo agridulce que versa sobre la naturaleza lluviosa de las personas y la naturaleza no impermeable mía... ¿Y te habrás dado cuenta que toda omisión de principios fue concebida por fe para parirte amor? No sé tú, al menos yo cuando decía amarte hablaba en serio. Si fuiste capaz de olvidarme sin razón aparente, dudo todas tus palabras. Lo bueno es que los sentimientos caducan cuando no son correspondidos, así que no me aflijo, el tiempo hará lo suyo, como siempre. Me tendrás que entender; es profundamente imperdonable el haberme negado un vaso de agua cuando te grité por la ventana que venía del desierto. Simplemente fue inhumano y más aún que ni siquiera preguntaras qué mierda hacía yo en el desierto. No me queda más que desearte suerte y sólo suerte. Ojalá enrieles tu vida, por ti, y que siempre tengas gente que no sólo te lleve el amén y el vicio, aunque sospecho que esa fue la razón por la que se vencieron los caramelos para mí, pero no sé. Espero aprendas a olvidar a los que no te aman y a no olvidar a los que te aman. Por último, ojalá algún día seas la artista que se supone eres y que tus escritos no sean sólo cartas a un amor que no fue. Nunca vi nada más que lágrimas en tu taller y así no hay empresa que surja, y me refiero a tu vida. Un placer y un disgusto haberte conocido. Hazme sólo un favor: No contestes, de ninguna forma. No tendría sentido. Adiós.

domingo, 13 de junio de 2010

miércoles, 9 de junio de 2010

X



Sé de qué van sus romances.
Todos y ninguno.
Los conocí. A mí no tanto;
ni ellos ni yo.
Los tuve. Estuvimos.

Sé lo que no dan,
lo que les deben reclamar,
y cuanto ego abandonan.

Sé también
que no vivieron
lo que podrían.
No necesitaban más.
Mas yo sí y no llenaron,
pero es que,
no pensé que se podría.
Cuando sucedió,
entendí que aún desde acá,
sé de que van sus romances.

Al darme cuenta
reafirmé toda decisión tomada
y cable cortado.

Él tiene razón: No saben.
Y ayer lo mismo: No supieron.

Y ninguno siquiera sospecha
lo que descubrimos,
descubrió,
descubrí.
Lo que sin querer construimos,
construyó,
construí.

Aunque se lo explicáramos,
seguirían sin saber.
En cambio
yo si sé de qué van sus romances.

Es la diferencia,
entre estar por estar; porque estuvimos,
y estar para ser; porque hoy soy.


lunes, 7 de junio de 2010

Prejuicio


Felto miraba a su hermana Dania desde la copa del limonero. ¡Sube Dania! es sencillo. Dania, tres años menor, pensaba para sí ¿es bueno que sea sencillo? ¡Dania! yo sujeto la escalera, tú preocúpate de que ahí abajo esté firme. La niña tomó la escala sin entusiasmo con sus manitos. La movió un poco y se alejó. Estaba bien puesta. ¿Felto?... ¿Por qué subiste al árbol?... Ay, por jugar - respondió el niño. ¡Sube poh Dania oh! Se ve distinto desde aquí. La niña inspeccionaba a su hermano y luego a la escalera sin expresar cosa alguna, hasta que preguntó ¿Felto, la gracia es subir o la vista que hay desde allí?... Felto tomó aire como para hablar y descubrió que no quería pensar, entonces respondió por responder; las dos cosas Dania, ¡ya, sube!

Pasaron diez minutos más. La escalera esperaba como siempre, pero Felto estaba vivo, impaciente. La particular forma de ser de su hermana solía descolocarlo. Ya Dania, voy a bajar para mostrarte, hazte un lado. Esto es simple… -le argumentaba mientras bajaba alternando concentradamente sus extremidades- Me extraña que siendo de esta familia seas tan poco arriesgada… Las escaleras suben o bajan y no hay mayor problema en ello ¿ves? Ya llegué abajo. ¿Dania?... ¿Dónde estás? … Yo creo entonces que tú eres adoptado Felto – respondió divertida Dania, mirándolo hacia abajo, desde la copa del limonero.



viernes, 4 de junio de 2010

La ciencia del sueño


- ¿Qué película es?

- Una importante.

- Y cuándo empiezaaa...

- Cuando el dvd quiera, sino, veremos la película de nosotros sentados aquí...

- Y se llamaría...

- ... Se llamaría... "¿Sientes acaso que había que nacer para esta historia?"

- Oh...

- Jaj... ¿Así era o no?

- ...Sí.

- Ya, empezó... Pensé en ti mientras la veía, así que debes verla.

- ¿Ésta veías ayer?

- No... Ésta la vi hace como... dos años.

- ... Pero hace dos años no nos conocíamos...

- Claro, pero pensé en ti... Aún no lo sabía sí poh... Ahora sé que eres tú en quién pensé.